Lesión del ligamento lateral interno de la rodilla y cómo tratarlo

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Muchas veces hacemos deporte (corremos, jugamos al baloncesto, al fútbol, hacemos rutas largas de senderismo…) y nos empiezan a doler ciertas cosas sin saber por qué. Una de las cosas que nos duele con más facilidad es la rodilla, porque es una articulación pequeñita que mantiene un gran peso y movimiento día tras día.

Pero a veces no te duele la articulación… sino el ligamento, y saber detectarlo y tratarlo es importantísimo para que no empeore.

 

¿Qué forma a la rodilla, biológicamente hablando?

La rodilla es una articulación formada por tres huesos que encajan entre sí para permitir movimiento y soportar peso al mismo tiempo. Arriba está el fémur, abajo la tibia y por delante la rótula. Estas tres piezas trabajan juntas cada vez que caminas, te sientas, subes escaleras o corres.

Las superficies de estos huesos están recubiertas por cartílago. Este tejido es liso y resistente, y su función es evitar que los huesos rocen directamente entre sí. Gracias al cartílago, el movimiento es suave y el desgaste se reduce.

Entre el fémur y la tibia se encuentran los meniscos. Son estructuras con forma de media luna que actúan como amortiguadores naturales. Su función es repartir el peso del cuerpo y absorber impactos en cada paso.

Rodeando toda la articulación hay una cápsula articular que protege el conjunto y mantiene todo en su sitio. Dentro de esta cápsula hay líquido sinovial, que lubrica la rodilla para facilitar el movimiento.

Los ligamentos son bandas fuertes que unen los huesos y aportan estabilidad. Entre ellos están los ligamentos cruzados y los laterales. El ligamento lateral interno se sitúa en la parte interna y evita que la rodilla se abra hacia dentro.

Alrededor de todo esto están los músculos del muslo, que ayudan a mover y proteger la articulación constantemente.

Como ves, la anatomía de la rodilla es compleja, y por eso hay que cuidarla y protegerla.

 

¿Qué tipo de lesiones puede tener la rodilla por hacer deporte?

El deporte somete a la rodilla a impactos repetidos, cambios de dirección constantes y cargas continuas. Todo esto puede acabar provocando distintas lesiones, algunas que aparecen poco a poco y otras que surgen de forma repentina tras un mal gesto.

Entre las más habituales están las tendinitis, sobre todo la del tendón rotuliano. Este problema aparece por sobrecarga y uso excesivo. El dolor empieza de forma leve y va aumentando hasta molestar al correr, saltar o subir escaleras.

Las lesiones de menisco también son muy comunes. Suelen producirse en movimientos de giro con el pie apoyado. Esa torsión puede dañar el menisco, que es el encargado de amortiguar y repartir el peso dentro de la rodilla.

Otro grupo importante son las lesiones de ligamentos. Aparecen en movimientos bruscos, cambios rápidos de dirección o impactos laterales. Dentro de estas se encuentran las roturas parciales o completas, que afectan a la estabilidad de la rodilla.

También existen problemas como la condromalacia rotuliana, que afecta al cartílago de la rótula, y la bursitis, que es la inflamación de pequeñas bolsas llenas de líquido que protegen la articulación.

Muchas de estas lesiones empiezan con molestias suaves que se ignoran, pero si se sigue entrenando con dolor aumenta el daño y se hace más complicada la recuperación. En deportes el como fútbol, el baloncesto, el pádel o correr, estas lesiones aparecen son muy frecuentes.

 

Entonces, ¿qué es la lesión del ligamento lateral interno de la rodilla?

La lesión del ligamento lateral interno ocurre cuando este ligamento, que está en la parte interna de la rodilla, sufre un estiramiento excesivo o una rotura. Este ligamento tiene la función de evitar que la rodilla se abra hacia dentro cuando apoyas el peso del cuerpo.

Este tipo de lesión suele aparecer cuando haces un movimiento en el que la rodilla se fuerza hacia dentro de forma brusca. Puede suceder al cambiar de dirección corriendo, al caer mal tras un salto o al recibir un golpe en la parte externa de la rodilla.

Ese gesto genera una tensión muy fuerte en el ligamento. Si supera su capacidad de resistencia, el ligamento se daña. A veces solo se distiende y otras veces se rompe parcial o completamente.

Es una lesión muy localizada. El dolor se siente claramente en la parte interna de la rodilla y suele aparecer poco después del movimiento que lo ha provocado.

Además, esta lesión afecta a la estabilidad de la rodilla, lo que hace que caminar o girar resulte incómodo.

 

Síntomas para reconocer que te has jodido este ligamento

Aquí es donde puedes empezar a sospechar que el problema está en este ligamento.

  • El síntoma más claro es un dolor localizado en la parte interna de la rodilla. Es un dolor que puedes señalar con el dedo sin dudar.
  • También aparece inflamación en esa zona. La rodilla se hincha, sobre todo por la parte interna, y notas que está más rígida de lo normal.
  • Cuando intentas caminar, sientes que la rodilla no está firme. Tienes la sensación de que estás algo inestable. Por ejemplo, subir y bajar escaleras te empieza a costar un poco.
  • Otro síntoma típico es el dolor al hacer el gesto de llevar la rodilla hacia dentro. Ese movimiento genera bastante molestia porque afecta directamente al ligamento.
  • En algunos casos aparece un pequeño hematoma en la zona. No siempre sucede, pero puede aparecer.

Si estos síntomas aparecen después de un mal movimiento haciendo deporte, es muy probable que el ligamento lateral interno esté dañado.

 

Existen 3 grados de lesión en este caso

Esta lesión se divide en tres grados según el daño que haya sufrido el ligamento. Esta clasificación ayuda a saber qué tratamiento necesitas y cuánto tiempo puede durar la recuperación.

  • En el grado 1, el ligamento se ha estirado más de lo normal, pero sigue intacto. Aquí hay dolor, inflamación leve y molestia al caminar, pero puedes apoyar el pie. Necesitas reposo y cuidados básicos.
  • En el grado 2, el ligamento tiene una rotura parcial. El dolor es mayor, la inflamación es más evidente y la rodilla pierde estabilidad. Caminar se vuelve incómodo y necesitas tratamiento de fisioterapia.
  • En el grado 3, el ligamento está roto completamente. Aquí la rodilla pierde estabilidad clara. Caminar resulta complicado y el dolor es intenso. Este grado necesita valoración médica inmediata y, en algunos casos, cirugía.

Si eres consciente del grado exacto desde el principio, se facilita mucho el tratamiento y evita complicaciones posteriores.

 

Este tipo de lesión es el más común en atletas

Esta lesión aparece muy a menudo en personas que practican deportes con cambios de dirección constantes. Por ejemplo, en deportes como el futbol, el baloncesto, el balonmano, el esquí y el pádel generan muchos movimientos laterales que fuerzan este ligamento y pueden lesionarlo.

Se estima que cerca del 8% de las lesiones de rodilla en deportistas profesionales afectan al ligamento lateral interno. Es una cifra alta comparada con otras lesiones de ligamentos. Esto sucede porque el gesto que provoca la lesión aparece repetidamente en estos deportes. Cambios rápidos de dirección, apoyos bruscos y contactos con otros jugadores generan la tensión perfecta para dañar este ligamento.

Además, cuando los músculos se cansan durante el entrenamiento o la competición, el ligamento tiene que trabajar más para estabilizar la rodilla. Ese exceso de trabajo aumenta el riesgo de lesión.

También influyen el tipo de terreno, el calzado y la técnica al moverse.

 

¿Cómo tratarla?

El tratamiento de la lesión del ligamento lateral interno depende del grado de afectación, pero siempre sigue un orden progresivo.

Los primeros días son fundamentales para controlar la inflamación y el dolor. Aquí el reposo relativo resulta clave. Esto no significa quedarse totalmente inmóvil, sino evitar movimientos que provoquen dolor o tensión en la rodilla. Aplicar frío varias veces al día en la zona interna ayuda a reducir la hinchazón y el dolor, y también contribuye a limitar el sangrado interno si existe algún pequeño desgarro.

Una vez que la inflamación disminuye, empieza la fase de recuperación activa, que se realiza principalmente a través de fisioterapia. En esta etapa se trabaja primero la movilidad de la articulación. La rodilla puede quedar rígida tras la lesión, por lo que los ejercicios iniciales son suaves y buscan recuperar el rango de movimiento sin forzar el ligamento. Hacer movimientos controlados y estiramientos suaves son la base de esta fase.

Después, se incorpora el fortalecimiento muscular. Los músculos que rodean la rodilla, como el cuádriceps y los isquiotibiales, se ejercitan progresivamente para que puedan soportar mejor la articulación y reducir la carga sobre el ligamento lesionado. Realizar ejercicios de equilibrio y propiocepción será muy importantes, porque va a ayudar a que la rodilla recupere estabilidad y se prevengan recaídas.

López Corcuera, clínica especializada en fisioterapia y osteopatía, explica que este tipo de lesión necesita un tratamiento estructurado: primero controlar la inflamación, luego se centran en recuperar movilidad y, finalmente, trabajan la fuerza y la estabilidad de la articulación.

En algunos casos se utiliza una rodillera durante varias semanas para darle una estructura extra a la rodilla mientras el ligamento cicatriza, y esto va a permitir realizar ejercicios de forma más tranquila y segura.

La constancia con la fisioterapia es importantísima para recuperarte lo antes posible y, por eso, cumplir con cada fase es prioritario, aunque lo veas pesado.

 

Pautas para prevenirla, si eres deportista

Si practicas deporte de forma regular no tienes por qué lesionarte si tomas algunas precauciones básicas.

  • La prevención comienza con un buen calentamiento antes de entrenar o competir.
  • Activar los músculos de las piernas y preparar la articulación permite que la rodilla soporte mejor los movimientos bruscos y los cambios de dirección. Un músculo activo reduce la tensión sobre el ligamento lateral interno y mejora la estabilidad general.
  • Fortalecer el cuádriceps y los isquiotibiales es fundamental. Estos músculos rodean la rodilla y la protegen en cada apoyo. Cuanto más fuertes estén, menos carga recae sobre el ligamento.
  • Trabajar el equilibrio y la propiocepción también es clave. Ejercicios que desafíen la estabilidad ayudan a que la rodilla reaccione mejor ante movimientos inesperados y a prevenir gestos que puedan lesionarla.
  • El calzado adecuado según el deporte y el terreno es otro punto importante. Usar zapatillas que proporcionen soporte y amortiguación correcta evita que la rodilla se sobrecargue.
  • Respetar los descansos, escuchar las señales del cuerpo y estirar al final del entrenamiento ayuda a mantener la musculatura flexible y reduce el riesgo de lesiones.

 

Pautas para prevenirla, si NO lo eres

Aunque no practiques deporte de forma intensa, la rodilla trabaja constantemente. Caminar, subir escaleras, cargar bolsas o pasar mucho tiempo de pie genera esfuerzo diario sobre los ligamentos y músculos que la sostienen. Por eso, incluso sin entrenamiento formal, se pueden seguir algunas pautas para protegerla y reducir el riesgo de lesiones.

  • Mantener un peso saludable disminuye la carga que soporta la articulación en cada paso, lo que protege directamente los ligamentos y evita que tengan que compensar excesivamente.
  • Caminar con buena postura y usar calzado adecuado es fundamental. Un apoyo correcto distribuye el peso de manera uniforme y evita tensiones que se transmiten a la rodilla sin que notes molestias.
  • Evitar giros bruscos o movimientos repentinos cuando llevas peso reduce la probabilidad de que el ligamento se estire de forma peligrosa.
  • Al subir y bajar escaleras, hacerlo despacio y apoyando correctamente el pie ayuda a mantener la estabilidad de la articulación y a prevenir torceduras.
  • Moverse todos los días, aunque sea con paseos suaves, mantiene los músculos activos y fuertes. Esto permite que los ligamentos no tengan que soportar toda la carga, lo que disminuye el riesgo de sufrir lesiones.

 

Deportes que sustituyen a los deportes de impacto que no hacen daño a la rodilla… pero que fortalecen todo el cuerpo

La natación es una de las mejores opciones porque trabajas todo el cuerpo sin cargar peso sobre la articulación. El agua reduce la presión y permite moverte con libertad.

La bicicleta estática también es muy recomendable. Fortalece las piernas, mejora la resistencia y apenas genera impacto en la rodilla si ajustas bien la altura del sillín.

El pilates ayuda a fortalecer el cuerpo de forma global, mejora la estabilidad y trabaja mucho la musculatura profunda que protege la rodilla sin que te des cuenta.

El remo en máquina es otra buena opción. Trabaja piernas, abdomen y espalda con un movimiento controlado y suave para las articulaciones.

Caminar en terreno plano a buen ritmo mantiene la musculatura activa sin sobrecargar la rodilla.

Estos deportes permiten seguir activo mientras cuidas esta articulación.

 

Ayúdate a ayudarte

Tus rodillas soportan mucho todos los días, por eso cuidar de ellas es importante para sentirte bien y moverte sin problemas.

Al entrenar, sé precavido. Calienta, activa los músculos y controla los movimientos… para que las rodillas trabajen mejor y se reduzca el riesgo de lesión.

Si notas dolor, para. Descansa, aplica frío y deja que la articulación se recupere. Si sigues forzando solo empeora la situación y alarga el tiempo de recuperación.

Mantén la musculatura fuerte y flexible para proteger tus ligamentos. Usa calzado adecuado, muévete controlando tu cuerpo y combina actividad con descanso para que tus rodillas estén sanas la mayor cantidad de tiempo posible.

Si las cuidas cada día, podrás seguir disfrutando del deporte y moviéndote por donde quieras.

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