Mitos odontológicos: lo que creemos y lo que dice la ciencia

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Pocas áreas de la salud resultan tan afectadas por las creencias populares como la salud bucodental. Los consejos, los remedios caseros y las verdades a medias, han construido un imaginario colectivo sobre los dientes que, en muchos casos, se aleja bastante de lo que la evidencia clínica sostiene. Algunos de estos mitos son inofensivos. Otros, en cambio, llevan a las personas a descuidar su salud oral o a tomar decisiones que acaban agravando problemas que habrían sido fáciles de prevenir.

Desmontar estas creencias no es un ejercicio académico. Es una cuestión práctica que afecta a la forma en que millones de personas cuidan su boca cada día.

 

Si no duele, no hay problema

Este es probablemente el mito más extendido y el que más daño hace. La asociación entre dolor y enfermedad lleva a mucha gente a considerar que, mientras no haya molestia, todo está bien. Pero la realidad es que la mayoría de las enfermedades bucodentales más frecuentes, la caries y la enfermedad periodontal entre ellas, pueden avanzar durante meses o incluso años sin generar ningún síntoma perceptible. Y cuando finalmente aparece el dolor, suele ser señal de que el proceso lleva tiempo instalado y el daño es significativo.

Una caries puede progresar desde el esmalte hasta alcanzar el nervio dental sin que el paciente note nada hasta que el daño es ya considerable. Lo mismo ocurre con la periodontitis, que es la inflamación y la pérdida de hueso alrededor de los dientes. Esta puede desarrollarse de forma silenciosa, ya cuando se nota el diente flojo o el sangrado persistente, significa que la enfermedad lleva tiempo instalada. Como recoge el COEM en su campaña de salud bucodental, acudir al dentista solo cuando aparece el dolor equivale a dejar que el problema se agrave, encareciendo y complicando el tratamiento.

 

Cepillarse con más fuerza limpia mejor

Otro error muy habitual, especialmente entre personas que mantienen una higiene aparentemente rigurosa. La lógica parece obvia: más presión, más limpieza. Pero el esmalte dental, aunque es el tejido más duro del cuerpo humano, no es indestructible frente a la abrasión mecánica reiterada. Cepillarse con demasiada fuerza o con un cepillo de cerdas duras puede desgastar el esmalte, provocar retracción gingival y aumentar la sensibilidad dental de forma progresiva e irreversible.

La técnica correcta de cepillado no requiere fuerza, sino tiempo, cobertura de todas las superficies y un ángulo adecuado. Dos minutos con presión suave y movimientos circulares son más eficaces y menos dañinos que treinta segundos de cepillado agresivo.

 

El embarazo daña los dientes de forma inevitable

Este mito se sostiene en la idea de que el bebé roba el calcio de los dientes de la madre durante la gestación, dejando la dentición debilitada de forma inevitable. Se trata de una creencia tan arraigada que muchas mujeres evitan ir al dentista durante el embarazo por considerar que cualquier tratamiento supone un riesgo adicional.

En realidad, como explica la clínica del Dr. Sánchez Moya, ortodoncia de Terrasa, el embarazo no extrae calcio de los dientes, pero sí genera cambios hormonales que aumentan la susceptibilidad a la inflamación gingival y a la caries. La gingivitis gestacional es frecuente, y si existe una periodontitis previa, el embarazo puede agravar su evolución. Lejos de evitar la visita al dentista, el embarazo es precisamente una etapa en la que el seguimiento bucodental debe ser más cuidadoso. La mayoría de los tratamientos preventivos y conservadores son perfectamente compatibles con la gestación, especialmente en el segundo trimestre.

 

La limpieza dental daña el esmalte

Es uno de los motivos más comunes por los que las personas evitan o posponen la higiene dental profesional. La idea de que el instrumental del dentista desgasta los dientes con cada limpieza está muy extendida, y es completamente falsa. La sensibilidad que algunos pacientes notan después de una profilaxis no se debe al desgaste del esmalte, sino a que el sarro que cubría ciertas zonas del diente ha sido eliminado, dejando expuestas áreas que antes estaban protegidas por esa acumulación. Lo que genera una sensación momentánea de fragilidad, pero que no significa un verdadero daño estructural.

Según el Consejo General de Dentistas de España, la higiene dental profesional está diseñada precisamente para proteger los dientes eliminando la placa bacteriana y el sarro que el cepillado doméstico no puede alcanzar. Posponerla por miedo a un daño que no existe es, paradójicamente, lo que favorece la aparición de los problemas que se quiere evitar.

 

Los dientes de leche no importan, porque se caen solos

La odontopediatría lleva décadas combatiendo este mito, y sin embargo, sigue siendo una de las razones más frecuentes por las que las caries en dientes temporales se dejan sin tratar. La lógica parece simple: si el diente se va a caer de todos modos, ¿para qué tratarlo? Pero los dientes de leche cumplen funciones que van más allá de masticar. Mantienen el espacio en el arco dental para la correcta erupción de los dientes permanentes, contribuyen al desarrollo del habla y a la correcta formación de la mandíbula. Un diente temporal con caries no tratadas puede infectarse, afectar al germen del diente permanente que se encuentra justo debajo y generar problemas que se arrastran durante años. Además, la pérdida prematura de piezas temporales por infección puede alterar el desarrollo correcto del arco dental, con consecuencias que pueden llegar a requerir tratamiento ortodóncico posterior.

 

Lo que no se ve, también existe

La mayoría de estos mitos se sostienen por la idea de que, a falta de molestias, no hay problemas graves. Sin embargo, la salud bucodental funciona al revés, es gracias al diagnóstico preventivo que se logra evitar que los problemas lleguen a la fase en que se hacen visibles o dolorosos. Y eso, en la práctica, depende de algo tan sencillo como la revisión periódica con el dentista, que es exactamente lo que estos mitos llevan a posponer. La fuerza en común de estas creencias es que todas ofrecen una excusa cómoda para posponer la visita al dentista. El problema es que, lo que hoy puede ser tan solo una revisión, mañana puede convertirse en un tratamiento mucho más largo y costoso.

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