Hoy el café está en todas partes. Es completamente imprescindible para nosotros ya… Muchísima gente toma café para trabajar mejor, para estudiar, para conducir, para socializar, para hacer deporte e incluso para relajarse, algo que nunca entenderé. Hay personas que no conciben empezar el día sin una taza y otras que sienten que si no toman café no son capaces ni de pensar con claridad. Y yo me pregunto… ¿realmente necesitamos tanto café o nos hemos acostumbrado psicológica y físicamente a vivir estimulados todo el tiempo?
Como profesional de la salud, sinceramente creo que muchas veces se ha normalizado demasiado el abuso de la cafeína. Vivimos cansados, dormimos poco, tenemos mucho estrés y el café es nuestra inyección de energía para seguir funcionando. El problema es que el cuerpo no está preparado para eso. Cuando una persona necesita cinco o seis cafés diarios simplemente para mantenerse despierta, normalmente hay algo más detrás: mal descanso, ansiedad acumulada, mala alimentación o agotamiento físico y mental.
El café puede ayudarte, claro que sí, pero no debería sustituir comidas, descanso, ni relajación. Además, mucha gente no se da cuenta de que la cafeína también está en refrescos energéticos, chocolate, té, suplementos deportivos y bebidas fitness, así que el consumo total puede ser muchísimo más alto de lo que creen.
Otra cosa absurda… ¿De verdad no tomas café?, ¿cómo funcionas tu?
Típicas preguntas que te hacen cuando les dices que no tomas café… te miran raro. ¿Por qué? No lo entiendo… Muchísimas reuniones giran en torno a tomar un café, y eso ha hecho que el consumo se vuelva como el cumplir años, un proceso completamente natural al volverse un adulto.
Hay personas a las que ni siquiera les gusta, pero lo toman por costumbre o por necesidad emocional, incluso por compromiso. Y aunque el café tiene beneficios cuando se consume con cabeza, tampoco es una bebida mágica. En consulta he visto personas con palpitaciones, ansiedad, problemas digestivos o insomnio muy severo que no relacionaban sus síntomas con la cantidad de café que consumían cada día.
Yo les decía que era por el café y que tenían que tomar menos, y no se lo tomaban en serio… Siempre me preguntaban si no sería por otras cosas. Les cuesta demasiado…
Lo preocupante es que el cuerpo puede acostumbrarse poco a poco y la persona deja de notar el efecto estimulante que le producía, así que cada vez toma más. Eso se llama dependencia, amigos míos. El café no es malo, pero sí que hay que aprender a consumirlo con cabeza y escuchando al cuerpo. Porque una cosa es disfrutar de un buen café y otra muy distinta es necesitarlo constantemente para poder rendir o sentirse funcional.
¿El café crea adicción de verdad?
La cafeína sí puede generar dependencia, aunque tomarlo esté socialmente aceptado. No es comparable a la adicción a las drogas, evidentemente, pero sí hay una dependencia física y psicológica bastante fuerte. El cerebro se acostumbra al estímulo constante de la cafeína y cuando la persona deja de consumirla aparecen los síntomas: dolor de cabeza, irritabilidad, cansancio extremo, dificultad para concentrarse e incluso sensación de tristeza o apatía.
Os sorprendería saber, que muchas de las cosas que os gustan y tienen cafeína, no es por que os gusten simplemente, sino porque vuestro cuerpo depende de esa sustancia y te la está pidiendo. Esto ocurre porque la cafeína bloquea temporalmente una molécula llamada adenosina, que es la responsable de hacernos sentir sueño y cansancio. Durante unas horas el cerebro se siente más despierto, pero cuando el efecto desaparece suele aparecer una especie de bajón físico y mental. Viene el efecto rebote, la molécula que has bloqueado vuelve con más fuerza. Y ahí muchas personas vuelven a tomar otra taza. El problema es que entrar en ese círculo durante años puede hacer que el cuerpo pierda sensibilidad a la cafeína y necesite cada vez más cantidad para obtener el mismo efecto.
Hay algo que muchos no saben y es que el cuerpo humano es muy vago y se acomoda rápido. Cuando le das algo que él mismo produce, entra en modo ahorro de energía y no gasta energía en producirlo. Eso significa que si cada vez tomamos más de algo que el cuerpo produce de por sí y regula por si solo, se ahorra la energía de producirlo y cada vez produce menos, esperando a que tu se lo proporciones. Eso también explica por qué cada vez nos sentimos más cansados.
Otra cosa más que no sabías es que, el cuerpo no es que reciba más energía cuando le das este tipo de sustancia, y cuando esa energía se acaba puedes tomar más. Lo que hace la cafeína es provocar que el cuerpo se sobreexcite y fuerce la máquina para producir más energía sin descansar. ¿Vas entendiendo lo que pasa?
Otro punto importante es que la dependencia no afecta igual a todo el mundo. Hay personas muy sensibles a la cafeína que con una sola taza ya sienten nerviosismo o taquicardia, mientras otras pueden tomar tres cafés y dormir aparentemente bien. Pero cuidado, porque dormir aparentemente bien no significa descansar correctamente. La cafeína puede alterar la calidad profunda del sueño, aunque la persona logre dormirse. Muchas personas se despiertan cansadas precisamente porque el café está interfiriendo en el descanso nocturno sin que ellas noten nada.
Este es mi consejo: si no puedes pasar un solo día sin café o sientes ansiedad cuando no lo tomas, toma menos café. Ve retirando numero de tazas, poco a poco. Si tomabas cinco tazas diarias, prueba tomar cuatro durante una semana. Luego tres, y poco a poco lo habrás conseguido. Si te quitas del tirón es peor, porque te crea tanta necesidad de tomarlo que acabas dejando hasta de intentar tomar menos.
¿El café acumula sustancias en el cuerpo?
No, lo cierto es que el café no acumula nada en el cuerpo. El hígado metaboliza la cafeína y se acaba eliminando. Pero el consumo excesivo tiene consecuencias. Lo que sí puede acumularse son los efectos su abuso: agotamiento de los órganos que lo metabolizan, alteraciones del sueño, ansiedad mantenida, irritación digestiva e hipertensión.
Hacemos que nuestro organismo viva estimulado por costumbre. Es como mantener el motor acelerado todo el tiempo. Al principio parece que el cuerpo va bien, pero con el tiempo empiezan a aparecer el cansancio crónico, la dificultad para relajarse, tensión muscular, problemas intestinales y dependencia para hacer las cosas normales del día a día.
Bueno, pero hablamos todo el tiempo de la cafeína como si eso fuera lo único que contiene… Hay cafés cargados de azúcar, siropes, nata, cremas o en bebidas ultraprocesadas que convierten una tacita en una bomba de calorías y azúcares. En esos casos el impacto metabólico sí puede ser importante a largo plazo, especialmente en personas con diabetes, obesidad o problemas cardiovasculares. Además, el café muy cargado y tomado en exceso puede irritar el estómago y empeorar gastritis, reflujo y colon irritable.
Hay personas que llevan años con molestias digestivas, en las que casi todo les sienta mal y no se dan cuenta (o no se quieren dar cuenta) de que el cafelito está contribuyendo muchísimo al problema que tienen. El cuerpo siempre termina enviando señales cuando algo no le sienta bien. Por eso es importante observar cómo reacciona cada organismo. Hay personas que toleran perfectamente dos cafés diarios y otras que con uno ya empiezan a notar ansiedad o molestias físicas.
Esto si beneficia
Consumido con cabeza, el café puede mejorar la concentración, el rendimiento mental y el estado de alerta. Además, el café natural contiene antioxidantes, que ayudan a combatir el daño oxidativo celular relacionado con el envejecimiento y algunas enfermedades. De hecho, varios estudios han relacionado el consumo moderado de café con menor riesgo de enfermedades neurodegenerativas como Parkinson o Alzheimer.
También tiene cierta relación con tener un menor riesgo de desarrollar diabetes tipo 2 en algunas personas. Pero, recuerda, todo abuso es malo. Incluso lo bueno, tomado en demasiada cantidad puede convertirse en veneno.
¿Cuánto café es una cantidad saludable?
De una a tres tazas al día, dependiendo de la concentración y del metabolismo de cada persona. El límite de seguridad está alrededor de los 400 miligramos de cafeína diarios, aunque sinceramente no recomiendo acercarse constantemente a esa cifra. Hay personas que con mucho menos ya empiezan a notar síntomas negativos. Lo más importante es observar las señales del cuerpo: nerviosismo, palpitaciones, ansiedad, temblores, insomnio o problemas digestivos son indicadores claros de que probablemente se está tomando más café del que el organismo tolera bien. Y, por supuesto, hay gente a la que no le sienta bien ni una tacita… Si te sienta mal el café, deja de tomarlo directamente.
También tiene que ver el horario. Intenta tomártelo por la mañana. Y evita su consumo a partir de las seis de la tarde. Es una bebida estimulante… Y nuestro organismo empieza a ralentizarse naturalmente a partir de las siete de la tarde. Todo lo que vaya contra los procesos naturales del cuerpo siempre es perjudicial.
Otra cosa que es una burrada para el cuerpo, es desayunar y beber solo café por la mañana. El café no hidrata ni nutre como Dios manda el cuerpo. No somos un coche al que solo le tenemos que echar gasolina. El organismo necesita agua, nutrientes, grasa, para funcionar… No una bebida que lo fuerce a funcionar más rápido, dejándolo seco y agotado en unas horas.
El café ecológico siempre es mejor
En la tienda El Molí Pan y Café, saben que el café ecológico se cultiva evitando pesticidas químicos y fertilizantes sintéticos. Estas cosas las contienen todos los alimentos que vienen de la naturaleza, pero tienen sus diferencias. Cuando hablamos de un alimento ecológico hablamos de que en su cultivo se han utilizado elementos naturales que no dañan el cuerpo ni envenenan el alimento para protegerlo de plagas e insectos.
Cuando consumimos este tipo de alimentos nos aseguramos de que estamos comiendo y bebiendo el alimento sin ningún tipo de químicos artificiales ni venenosos. Además, muchas veces el café ecológico se cultiva con métodos menos agresivos con la tierra. Pero, recuerda que sigue siendo café y sigue teniendo cafeína, por lo que tiene sus efectos negativos si se abusa.
Que sienta mejor, está menos amargo y más rico… pues sí… Que sigue forzando al organismo en sus procesos… pues también.
Te digo que el café barato que compras en el Carrefour y en otros supermercados de tu ciudad, contiene restos de pesticidas, micotoxinas y se hace con procesos de torrefacción de los malos. Por eso, si te gusta tomarte tu tacita a diario, más vale que elijas uno bueno.
Los niños y las bebidas estimulantes
La cafeína afecta mucho más a menores que a adultos. Su sistema nervioso todavía está en desarrollo y son más sensibles a los efectos estimulantes. Ni se te ocurra darle café a un niño pequeño. Y a adolescentes, solo en ocasiones. Pero bueno, qué vamos a comentar sobre esto… Ya sabemos cómo están los adolescentes con el consumo de bebidas energéticas, que son muchísimo más fuertes que el café.
Los padres no saben que esto les puede provocar ansiedad, insomnio, irritabilidad, problemas de concentración e incluso alteraciones cardíacas. Además, durante la adolescencia el sueño es fundamental para el desarrollo cerebral y hormonal, y la cafeína puede alterarlo muchísimo. Ya hay chiquillos que han tenido problemas del corazón por el abuso de bebidas energéticas.
Y en épocas de universidad o trabajos fuertes, no es conveniente que personas de 20 a 25 años estén constantemente sobreviviendo con estas bebidas… Sigue siendo muy perjudicial forzar la máquina.
En estas situaciones, no debes tomarlo
Si tienes ansiedad severa, sufres ataques de pánico, arritmias, hipertensión descontrolada, gastritis intensa, reflujo grave o ciertos problemas cardíacos olvídate de la cafeína. También durante el embarazo conviene tomar poquito, porque la cafeína atraviesa la placenta y el bebé la metaboliza muchísimo más lentamente. Y, observa: si te tomas solo un poco y ya tienes temblores, palpitaciones o sensación de angustia, aléjalo de tu vida.
Y, amigos míos, si estáis agotados y apenas habéis dormido o descansado durante días… Echaros un buen sueñecito y no sigáis dándole gasolina al cuerpo, porque se os puede estropear.